ARUME DOS PIÑEIROS

CAXIGALINES NELA REGUERA'L CAMPIZU

Archive for Setembro 14th, 2009

VIGO VISTO POR AZAÑA

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Un compromiso que agradezo permíteme estes días ler completos os diarios de Azaña. Nese trance, que leva disposición cronolóxica, estou. Concretamente nos días 30 de Xuño e 1 de Xullo de 1918, cando Azaña visita Vigo: esto é o que escribe da cidade e dos seus arredores. Co erro de autor ou de copista (máis ben así debe ser) incluído por entender Bonzar onde tal vez poñía Bouzas. 

“30 de junio

Vigo. La naturaleza ha sido aquí buena para los hombres. Nada violento. Nada excesivo, ni el clima, ni los montes; profundas y fáciles ensenadas; mares interiores, portadores de riqueza. De cara al mundo, por el océano. ¿Qué debería de haber producido este país en la civilización española? Medir su aportación: en arte, en ciencia, en comercio. ¿Por qué se habla tan poco de Galicia? Aislamiento de las cuatro provincias. Parecen un coto adonde van a veranear unos politicones (cosa suya), y en el que, ya se sabe, nadie tiene que intervenir.

Los propietarios no han dejado aquí más que a los esclavos.

Ahora que se habla en todas partes de renovación, la renovación gallega (que sólo puede ser: anticaciquismo y reforma agraria) quiere revestir formas pedantes y estériles, y comienza a reinvindicar su idioma. (artículo del tonto Ribalta diciendo que el castellano no viene del latín sino del gallego.)

La ría de Vigo, precisamente por ser tan hermosa, y por no ser más que esto, es una acusación.

Vigo, novísimo, rico, anglófilo, se construye a todo lujo sobre el trazado roto de la ciudad vieja. Restos. En la Ribera: las casas de porche bajo, pilar robusto, pintadas de color chillón. En el interior: otras casucas en la calle Elduayen. ¡Estos nombres de las calles de Vigo! Elduayen, Urzaiz, etcétera.

Cuando se inauguró la estatua de Elduayen, apareció con grillos en las manos y en los pies.

Viaje en tranvía a Bonzar y a Cabral. Los tranvías son buenos. Bonzar, pueblo de pescadores, una placeta, calles de casas bajas, enlosadas de piedra, fachadas azules o rojas.Una cruz en el fin de la calle que da al puerto: Cristo de un lado, una Pietà al otro.

Estamos en el espigón viendo la puesta del sol. Nubes le tapan. Las Cíes envueltas en polvo de oro. Chorros de luz sobre el mar; quieto, de plata gris. El sol aparece debajo de las nubes, como una bola de fuego. Se le puede mirar. Todo se incendia; el agua, las casas de Bonzar, las cimas sobre Vigo, las vertientes desnudas del Castillo. Levantan llamas en el agua los remos. Se apaga. Ruido hondo, hosco, de las olas pequeñas en unas playitas, al pie de la iglesia que hay al borde del mar.

1 de julio

Cabral. Hemos ido en tranvía, al anochecer. Unos cuantos kilómetros al interior. La carretera, pésima. Población pululante. Valle amplio, en vertiente, gracioso, apacible. Son siempre los mismos elementos, poco fuertes, que en este punto no aumentan en intensidad, sino en número.

En la parada de Cabral los empleados del tranvía se entretienen leyendo un folleto de propaganda protestante.

El paisaje más fino, más urbano que la gente. Un escenario de Campos Elíseos habitado por pobres.

Antes de ir a Cabral hemos estado en la otra orilla de la ría. Pasamos embarcados. Hora de sol brillante. Ni una nube. El tono: azul vivísimo, liquido. La quemante brisa. Cangas. Puertecillo de pesca. Andamos por una carretera que va hacia la costa y sube a la derecha. ültimas casas de Cangas. En lo alto. Sol deslumbrador. La bahía: enfrente Vigo.; la desnudez de la montaña del Castillo. Las Cíes, azules próximas, separadas. La tierra, maizales, patatas, viñas en parral. Bosquecillos de pinos. En un cerro, una ermita. Mujeres y niños limpiando la tierra. Echamos a la derecha, por un sendero. Retorcido, entre vallados, setos, pinos; una calleja pedregosa. Salimos a un pinar espeso. Después, monte bajo, granito gris acero, rápida pendiente, el mar, abajo; borde de peñas negruzcas. Temple delicioso. Tumbados, al pie de unos pinos. Reconocemos el terreno. No hay playa ni baño posible. Andamos hacia la derecha. Laderas desiertas, granitos y hierbas. A nuestros pies, barquichuelos en el azul. Soledad. Pinar en lo alto. Baño de sol. Tumbado, contemplo la bahía oblicuamente. Se inclina el plano del mar. Calidad que adquieren unas montañas picudas que hay en la otra orilla. Si se estuviera solo en el mundo, así, sin que las cosas ni los hombres nos molesten…”

Azaña, Manuel, Obras completas, ed. Santos Juliá, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, Madrid, 2007, tomo 1, pp. 789-790.

A foto é do impagable Arquivo Pacheco, fonte de marabillas únicas coma esta, difíciles de atopar no mundo. E non peco de esaxerar.

Written by arume

14/09/2009 at 21:37

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IDOLATRÍA DE MASAS

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Asisto entre perplexo e desanimado á marea idólatra de xente que durante os fins de semán de verán acude aos santuarios de Galicia na procura da intervención milagreira do santo ou, na meirande parte dos casos, da Virxe ubicua e especialmente querenciosa de vales, cumios e cons desta terra: centos de miles, que, sumados aos que se apuntan a procesións de cristos de victorias, a peregrinacións para ver apóstolos espadachíns ou para glorificar copóns dourados entre fiunchos e xeranios, constitúen unha devota moitedume que conserva (e incrementa) para o meu pasmo a negra superstición dos pobos. Non quixera facer aquí lamento ou elexía do que puido ser e non foi nin tampouco laio correspondiente da forza de ferro e lume empregada para inculcar nestas terras durante anos o medo e o temor de deus. Pretendo simplemente certificar a derrota da ilustración e explicar (non todo, pero si moito) o país que temos diante; algúns (mesmo presumindo de progresismo ou de defensa de valores propios) dirán que é a nosa cultura, o noso modo de vida. Será o deles, non o meu. E espero e aspiro a que algunha vez deixe de selo.

Mentres tanto, á data de hoxe, vexo difícil recuperar un país libre con eses vimbios.

[Sempre me pregunto por que, en contradicción flagrante, atopo marabillosa a Semana Santa sevillana, se tamén vexo nela o rauto invencible da superstición e, ao tempo, a marca iracunda da clerigalla de postguerra na difusión obrigatoria da fe e da devoción cristiá. Pero non sei respostarme de forma convincente: será que resulta todo demasiado estrano, demasiado exótico].

Written by arume

14/09/2009 at 19:00

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